Esta salsa de tomate frito se cocina a fuego lento hasta lograr una textura espesa y un sabor dulce y concentrado, con ese toque de sofrito que tanto le gusta a la cocina puertorriqueña. Úsala como base para tu pasta favorita, para bañar un pastelón o para darle sabor a un arroz con pollo rápido entre semana. Solo caliéntala en una olla a fuego bajo, revolviendo de vez en cuando, y si quieres puedes añadirle un chorrito de aceite de oliva. Una vez abierta, guárdala tapada en el refrigerador y consúmela en los próximos días para mantener su sabor fresco.